María Belón estaba con sus tres hijos Lucas, Tomás y Simón, de 10, 8 y 5 años, disfrutando de las vacaciones de Navidad en un hotel de la costa tailandesa.
"El hotel se acababa de inaugurar hacía dos días y los dueños estaban por ahí brindando con champán. Nosotros estábamos felices porque nos había tocado un bungalow precioso y nunca habíamos estado en un sitio tan bonito", relataba María emocionada.
"De lo que me di cuenta en realidad en ese día es de que la vida dura un segundo", afirmaba. "Fuimos a bañarnos a la piscina a las diez menos cuarto y de repente cambió todo. El sonido de la tierra y del mar era tan enorme que no se puede volver a reproducir. Fueron tres segundos en los yo miro al horizonte, veo que ha desaparecido y que en su lugar hay un muro negro que se avalanza".
"En ese momento se acaba todo"